Fortificantes

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Baños de regadera locales

7. Citaremos, como último de los fortificantes, el riego de las rodillas. Los detalles pueden verse en la descripción de los baños de regadera. Obra muy ventajosamente sobre los piés, llamando la sangre a sus escuálidas venas.* (* A un caballero se le desarrolló en los dedos da los pies una blanda masa en lugar de uñas. Los baños de regadera en las piernas hicieron reaparecer las uñas, fortaleciendo aquella parte, mediante un reparto proporcional de la sangre.)

Creo conveniente advertir que si se trata de personas en buena salud, que toman este baño como fortificante, puede aplicarse bajo una forma algo más dura: bien sea dejando caer la lluvia de mayor altura, refrescando el agua con nieve o hielo durante el invierno etc.

Para tomar este baño precisa también que el cuerpo tenga la temperatura normal, si bien pueden exceptuarse los pies hasta los tobillos. Por lo además, el baño de la rodilla no puede tomarse más de 3 a 4 días consecutivos, a no aplicarse en unión o alternando con otra de las prácticas hidroterápicas, como el riego de la parte superior del cuerpo o la inmersión de los brazos, de tal modo que una se aplique por la mañana y por la tarde la otra.

Como fortificantes bastan las prácticas descritas, que pueden aplicarse en todo tiempo, lo mismo en invierno que en verano. Durante la estación fría debe abreviarse el baño y alargarse un poco el ejercicio que le sigue. Pero los que no tengan costumbre da practicar estas operaciones deben comenzarlas en una de las estaciones tem pladas, muy particularmente aquellos que son propensos a resfriados, los anémicos y todos los que hayan debilitado sus fuerzas con el excesivo abrigo y las precauciones exageradas para precaverse de los rigores del frío. Hago esta recomendación, no porque tema ningun daño, sino por no espantar a los tímidos y hacerles cobrar aversión a un sistema evidentemente bueno.

Tanto los sanos como los que tienen alguna dolencia pueden someterse a cualquiera de las prácticas hidroterapicas descritas, siempre que se sujeten a las instrucciones dadas para cada tratamiento, en la seguridad de que los malos resultados provienen siempre de alguna imprudencia del paciente. Aun tratándose de tísicos en los que el mal ha hecho algunos progresos, se aplican con resultado los procedimientos descritos en los puntos 1 - Andar descalzo, 2 - Andar sobre la hierba húmeda, 3 - Andar sobre piedras mojadas y 6 - Bañar en agua fria los brazos y las piernas.

No todas las personas a quienes dedico mi pequeño trabajo necesitan estímulos para fortalecer su organismo; su vocación y sus ocupaciones cotidianas, les proporcionan a muchos innumerables ocasiones de robustecer sus fuerzas y, como vulgarmente se dice, de curtirse. En realidad de verdad no tienen por qué envidiar a los que parecen encontrarse en mejor situación que ellos. Hay en esto de la posición muchas y muy crasas ilusiones.

Por lo que respecta a aquellos de mis lectores que ni de nombre, tal vez, conocen los tratamientos que acabamos de exponer, les invito a hacer una prueba, siquiera sea pequeña, antes de emitir su fallo. Si aquella resulta favorable al nuevo sistema curativo, me alegraré, no tanto por mí como por la importancia suma del asunto. Harto numerosas son las tempestades que surgen en la vida contra la salud de los hombres. Demos el parabién al que sabe fortalecer su naturaleza y hacer que el árbol de la salud eche robustas y profundas raíces.

Bañar en agua fria los brazos y las piernas

6. Fortificantes de las extremidades, especialmente de los brazos y piernas. Como tal puede emplearse el siguiente procedimiento. El paciente permanece de pié en el agua fría hasta la rodilla o algo más arriba, durante un minuto. Después de calzarse descúbrese los brazos hasta los hombros y los mete el mismo espacio de tiempo en el agua fresca. Pero es más ventajoso practicar las dos operaciones simultáneamente, para lo que únicamente se necesita una artesa o baño de mayor tamaño. Esta doble operación puede también verificarse metiendo los pies en una vasija colocada en el suelo y las manos y brazos en otra puesta sobre una silla.

Esta práctica se recomienda, después de ciertas enfermedades, para llamar la circulación de la sangre hacia las extremidades.

El baño de los brazos, por sí solo, obra ventajosamente en todos aquellos que son propensos a sabañones y a tener las manos frías. Conviene secar las manos después de la inmersión a fin de evitar que por la acción del aire frío se levanten ampollas, pero no se practicará esta operación con los brazos.

Para tomar el baño de brazos y manos precisa que todo el cuerpo tenga la temperatura normal y no se sienta frío; sin embargo puede tomarse si el frío está localizado en los pies o en los brazos hasta el codo solamente.

Andar por agua fría

Paseo por el agua

5. - Paseo por el agua. Por sencillo que este ejercicio parezca, se obtienen con él los siguientes resultados:

  • 1.º obrando sobre todo el cuerpo, fortalece el organismo
  • 2.° obra ventajosamente sobre los riñones y favorece, como revulsivo, la operación de la orina, por cuyo medio sirve de preservativo contra varias dolencias que tienen su raíz en los riñones, en la vejiga ó en el bajo vientre
  • 3.º ejerce una acción favorable sobre el pecho, facilita la respiración y expulsa los gases del estómago
  • 4.° combate los dolores y la pesadez de cabeza

Este fortificante consiste en dar paseos por un baño o tina con el agua hasta los tobillos, primeramente, pudiendo añadirse más paulatinamente hasta que cubra, por lo menos, las pantorrillas. El resultado es tanto más eficaz cuanto más fría está el agua.

El primer día el paseo será de 1 minuto solamente, pudiendo llegar hasta 6 minutos. Después del paseo se hará ejercicio hasta que la parte bañada haya recobrado el calor normal, al aire libre en verano y en una habitación caldeada durante el invierno. En esta estación se puede refrescar más el agua con nieve. Tratándose de personas débiles se puede empezar con agua quebrantada, que se irá enfriando en las prácticas sucesivas hasta usarla completamente fría.

Andar sobre nieve

Andar sobre la nieve blanda o recién caida

4. - Más eficaces son los resultados que se obtienen por el paseo sobre la nieve recién caída. Es condición precisa que esta sea fresca, que se pegue fácilmente a los pies en forma de polvo, no dura ó congelada, que sólo sirve para producir una gran sensación de frío. Tampoco es conveniente dar este paseo con viento muy frío, por cuya razón son preferibles los días de primavera en que empieza el deshielo. Conozco algunas personas que hacen durar estos paseos media hora, una y hasta hora y media, con excelente resultado. En los primeros minutos tuvieron que hacerse alguna violencia; después no sintieron molestia alguna ni señal de frío. Sin embargo el paseo por la nieve no debe durar más de 3 a 4 minutos, y en ningún caso debe estar parado el ejercitante.

A las veces ocurre que los dedos de los pies, no pudiendo soportar el frío de la nieve, se ponen rígidos, presentan un calor febril y se hinchan. No hay que asustarse por eso; el mal tiene fácil remedio y desaparece con solo meterlos varias veces en agua de nieve ó frotarlos ligeramente con la misma nieve.

En ciertas épocas, Otoño por ejemplo, puede suplirse el ejercicio sobre la nieve con un paseo por la hierba cubierta de rocío. Entonces la sensación de frío es mayor en razón a que el cuerpo vive aún bajo la influencia del calor del estío. En invierno le sustituye el paseo sobre piedras humedecidas con agua de nieve. Respecto del vestido y del ejercicio subsiguiente, obsérvense las prescripciones indicadas anteriormente.

Muchos califican de necedades, locuras etc. estos ejercicios fortificantes, que se rehuyen por temor a los catarros, reumas, enfriamientos y toda clase de dolencias. Mas todo depende de una pequeña prueba y de un ligero esfuerzo, para vencer la repugnancia; los primeros ensayos bastarán para destruir esas preocupaciones y demostrar los excelentes resultados del terrorífico paseo por la nieve.* (* Conozco a varios médicos que aprueban este ejercicio, siempre que se practique con las debidas precauciones. A los que le califican de duro les opondré el empleo de hielo, que no cede seguramente en rudeza al de la nieve.)

Hace muchos años entablé conocimiento con la señora de un alto funcionario, que daba gran importancia al desarrollo físico de sus hijos, no consintiéndoles ningún capricho en la elección de la comida o la bebida y reprendiéndoles severamente cualquier manifestación de desagrado, tocante al calor, al frío etc. Tan pronto como caían las primeras nieves, les prometía una merienda da pan de manteca con miel, si se arriesgaban a dar, descalzos, un paseo por la nieve. Pronto se aficionaron los niños a este ejercicio, se criaron robustos y sanos y toda su vida conservaron viva gratitud hacia la madre que tan varonil educación les había dado. Indudablemente esta señora cumplió a maravilla su misión de madre.

De ordinario, este paseo se recomienda solamente a personas que gozan de buena salud; no obstante citaré un par de casos que evidencian el buen resultado que puede dar en cierta clase de dolencias.

Durante muchos inviernos estuvo sufriendo uno horribles molestias, a consecuencia de los sabañones que, al reventarse, le producían grandes dolores. Siguiendo mis consejos, al caer las primeras nieves, antes de reventarse aquellos, empezó a dar los paseos por la nieve y, al poco tiempo, se vio libre de la incómoda dolencia.

No ha mucho tiempo se presentó a mí una muchacha de 17 años, quejándose de fuertes dolores de muelas. «Si dieses un paseo de cinco minutos por la nieve» la dije, «pronto desaparecerían los dolores.» Siguiendo en el acto mi consejo, corrió al jardín y volvió al cabo de diez minutos completamente curada.

Para dar el paseo por la nieve es condición indispensable que todo el cuerpo tenga la temperatura normal; por consiguiente, el que sienta frío debe procurar antes recuperar el calor normal por el ejercicio o el trabajo corporal. Inútil es advertir que las personas propensas al sudor de pies, grietas o que tengan sabañones ya abiertos o en supuración, no deben practicar este ejercicio, sino después de aplicar los remedios indicados para la expresada dolencia, como baños de pies con agua o vapor etc.

Andar sobre piedras mojadas

3. - Análogos resultados produce el paseo sobre piedras húmedas, que para muchos es más fácil y cómodo, ya que en la mayor parte de las casas hay algun espacio o habitación con pavimento de piedra, suficiente para practicar este ejercicio. Se marchará sobre la piedra húmeda, con los pies descalzos, a paso ligero y movido, a la manera que el pisador de uvas en el lagar ó el mozo de tahona sobre la masa, teniendo sumo cuidado de no pararse un momento. Las piedras pueden humedecerse con regadera o con un jarro, siempre con el agua más fría que se tenga a mano, y debe repetirse la operación del riego cuantas veces sea necesario para mantener uniforme la humedad, todo el tiempo que dure el paseo.

Si éste se practica con un fin medicinal no debe durar más de 15 minutos ni menos de 3, segun las condiciones del paciente y el estado de sus fuerzas; por lo general, dura el ejercicio de 3 a 5 minutos. Pero si se toma como fortificante, en buen estado de salud, puede prolongarse media hora y más, sin peligro ninguno. Me creo en el caso de recomendarle a todo aquel que tenga verdadero deseo de fortalecer su constitución física, aunque haya llegado a un grado de debilidad extrema. Los que sufran de frialdad en los pies, dolores en el cuello y sean propensos a los catarros y ataques apopléticos o fuertes dolores de cabeza, deben combatir estos males con el expresado paseo, que será más eficaz si se añade un poco de vinagre al agua con que se riega la piedra.

Respecto del vestido y del ejercicio obsérvense las reglas establecidas para el pasco sobre la hierba. En uno y otro caso es indiferente que al empezar la operación estén los pies fríos ó calientes.

Andar sobre hierba húmeda

2. - Andar sobre la hierba húmeda es otro de los ejercicios fortificantes, ya se haya humedecido aquella por el rocio, la lluvia o el riego.*(* Este paseo, con los pies descalzos, es mucho más saludable que el que se hace sobre la tierra húmeda). En la tercera parte tendremos ocasión de citar repetidas veces esta práctica, que no titubeo en recomendar a toda clase de personas, sin distinción de edades, aún a los enfermos. Cuanto más húmeda esté la hierba, más se prolongue el ejercicio y con más frecuencia se practique, serán mejores los resultados. Por regla general debe durar de 1 a 3 cuartos de hora.

Una vez terminado el paseo se separan de los pies todas las sustancias extrañas que se les hayan adherido, como hierba ó arenita y, con la mayor prontitud posible, sin secarlos, se cubren con calzado perfectamente seco. Acto continuo se emprende sobre terreno seco, un paseo bastante rápido que se va moderando paulatinamente, y cuya duración depende de la mayor ó menor prontitud con que se enjuguen y entren en calor los pies, pero que nunca deberá exceder de una hora.

Debe evitarse, con el mayor cuidado, que las medias y el calzado que se pongan después de este ejercicio estén húmedos, pues de lo contrario pronto se dejarían sentir las consecuencias en la cabeza y en el cuello, y el remedio sería contraproducente. He aquí por qué no deben dejarse nunca esas prendas sobre la hierba húmeda, sino en lugar seco, para que, con su ayuda, los pies entren pronto en reacción y recobren el calor perdido. Este, como los demás ejercicios similares, puede practicarse aún cuando se tengan los pies fríos.

Andar Descalzo

1. - El más natural y sencillo de los ejercicios fortificantes es andar descalzo; operación que puede practicarse de muy diversas maneras, según los diferentes estados y la edad de las personas.

Los niños de corta edad, que no pueden valerse aún por sí mismos ni saben andar, deben llevar siembre los pies descubiertos. ¡Ojalá que me fuese dado grabar este principio en el corazón de todas las madres, de tal modo que la observasen como regla invariable de vida! A lo menos que los padres extraviados por preocupaciones, si no quieren ajustarse a esta norma, tengan piedad de sus inocentes pequeñuelos y les pongan un calzado ligero que no impida, por completo, la corriente del aire.

Por lo que hace a los niños que ya se han soltado a andar, saben mejor que nadie lo que tienen que hacer en este particular; y, sin consideraciones de ninguna especie, arrojan a un lado los molestísimos zapatos, juntamente con las medias, y se juzgan felices cuando, especialmente en primavera, se les deja corretear descalzos. La sangre que a veces brota de los pies no les arredra y a lo sumo si les decide a ponerse, por breves instantes, los aborrecidos zapatos. Los niños, al obrar así, obedecían a un impulso instintivo y natural, del que los viejos nos dejaríamos llevar a veces, si la refinada civilización, que todo lo mistifica y trastorna, no hubiese desterrado el buen sentido de casi todas las prácticas de la vida.

Los hijos de los pobres, con su gran libertad de acción, llevan en esto notable ventaja a, los hijos de los nobles y ricos, que de buena gana imitarían ese naturalismo de la vida. Algunas veces tuve ocasión de observar este hecho en los hijos de un alto empleado. No bien se creían los pequeñuelos libres de la severa vigilancia del papa, arrojaban al aire los finos zapatitos y las lindas medias de colores y se lanzaban a la carrera por la mullida hierba. La madre, mujer de buen sentido, presenciaba, con cierto placer, el jolgorio de los pequeños; pero si, por acaso, el padre los atrapaba en tan indecoroso ejercicio, largábales un largo sermón penitenciario, intercalando en él sendas observaciones acerca de la buena y mala crianza, de la condición de las personas y de las obligaciones que impone. No obstante, los niños recibían tan a pecho las amonestaciones paternales que, al día siguiente, se entregaban con más entusiasmo a su diversión favorita. He aquí por qué no me cansaré de recomendar que se deje seguir en esto a los niños sus naturales instintos.

Los padres que, por vivir en el centro de grandes poblaciones, no tienen a su disposición un jardín ó un lugar cubierto de césped, pueden proporcionar a sus hijos ese ejercicio fortificante en una habitación cualquiera, pasillo etc., a fin de que los pies respiren alguna vez libremente, lo misno que la cara y las manos, y aspirando aire fresco se muevan en su propio elemento.

A las clases menos acomodadas, particularmente a las que viven en el campo, no son necesarias mis recomendaciones; aunque por necesidad suelen ir descalzos, no envidian ni tienen motivo para envidiar a los más ricos burgueses que gastan botas ajustadas, herméticamente abrochadas ó cerradas, verdadero tormento de los pies, que así se ven privados del elemento más indispensable para la vida. Los necios aldeanos que imitan las afeminadas costumbres de los burgueses, llevan en sí mismos el castigo; antes en el campo iba todo el mundo descalzo, lo mismo los niños que los adultos. A pesar de la distancia que, de ordinario, separa la casa del campesino de la Iglesia o de la escuela, los niños preferían ir descalzos, aún en el rigor del invierno, llevando colgados del hombro o del brazo los zapatos y las medias que les diera la cuidadosa madre. Apenas asomaba la primavera y empezaba a derretirse la nieve de las montañas, lanzábanse gozosos todos los muchachos de la aldea, con los pies desnudos sobre la húmeda hierba y chapoteaban en los charcos, rebosando alegría y salud en todo su cuerpo.

Inútil es advertir que los que residen en grandes poblaciones y los individuos pertenecientes a la alta sociedad no pueden someterse a semejante tratamiento. Si llega su preocupación hasta el punto de creer que con solo tocar el suelo con los pies descalzos, en el momento de vestirse ó desnudarse, cogerán catarros, dolores de garganta, reuma y otras dolencias análogas, dejémosles vivir en esa creencia. Pero a los que aún tengan valor para fortificar su naturaleza, les recomendamos un breve paseo de 10 minutos a 1/2 hora, con los pies descalzos, sobre el fresco suelo de la habitación, bien sea antes de acostarse o al abandonar el lecho.

Para mitigar un poco la impresión pueden darle los primeros días con las medias puestas, después completamente descalzos y por último, aumentar la impresión, metiendo en agua fría los pies hasta el tobillo, antes del paseo, por breves momentos.

Con buena voluntad y verdadero deseo de conservar la salud, todo el mundo, aún el más aristócrata, por muy alto que sea el puesto que ocupe en la sociedad, hallará tiempo para practicar tan útil ejercicio.

Un sacerdote conocido mío pasaba todos los años algunos días en compañía de un amigo, que poseía un gran jardín. En él daba el primer paseo de la mañana con los pies descalzos, prolongando este refrigerante y saludable ejercicio mientras duraba el rezo del Breviario. Muchas veces me ponderó este sacerdote los excelentes efectos del andar descalzo.

También podría citar gran número de personas de la alta sociedad que han tenido el buen acuerdo de adoptar esta práctica, y durante la época del calor a lo menos, se retiran, a una pradera solitaria ó sombrío bosque para refrescar los pies sobre la húmeda hierba. Una de estas personas, cuyo número es aun relativamente pequeño, me aseguraba, en una ocasión, que antes apenas trascurría semana sin coger un resfriado; pero que con la sencilla práctica que acabamos de describir había perdido esa facilidad de acatarrarse y se había hecho mucho menos sensible al frío.

Réstame dirigir unas cuantas palabras a las madres, hasta que me sea dado cumplir la promesa que tengo empeñada, si Dios me concede salud y vida, de darles algunas instrucciones prácticas sobre la educación de los niños, especialmente en lo que a los ejercicios corporales atañe. Porque ellas son las llamadas, en primer lugar, a criar una generación vigorosa y robusta y a desterrar la afeminación, debilidad, anemia, afecciones nerviosas y todas esas innumerables dolencias que acortan la vida y hacen incalculables estragos en el linaje humano. El mejor medio para lograr este resultado es fortalecer, confortar la naturaleza desde sus más tiernos años. La luz, la alimentación y el vestido, son los factores que pueden emplearse principalmente como fortificantes, puesto que lo mismo los ha menester el niño que el anciano.

Cuanto más puro sea el aire que el niño respira mejor será la sangre que circule por sus venas. A fin de acostumbrar a las criaturitas a vivir en un ambiente fresco, pueden las madres tomar la costumbre de lavarles todos los días con agua fría ó bañarlas con agua soleada a continuación del baño de agua caliente. Este, por sí solo, produce debilidad y laxitud, mientras que en unión con el lavado ó baño frío robustece, fortifica y acrecienta el desarrollo corporal. El miedo y la desagradable sensación que se experimenta en un principio desaparecen al tercero ó cuarto baño; en cambio se suministra a las criaturas una coraza contra los catarros y sus perniciosas consecuencias, no sin ahorrar a las madres la molestia de forrarlos en diferentes envolturas de lana, que cierran toda entrada al aire y coartan sus movimientos.

En este particular se cometen verdaderas atrocidades con los niños. Metidos sus cuerpecitos en sofocantes estufas de lana, gimen bajo el peso de las ropas y ligaduras, que no dejan al descubierto más que una pequeña parte de la cara, puesto que se comete la torpeza, de taparles hasta los oidos y los ojos y de arrepujar el cuello de tal forma que no hay posibilidad de que penetre un átomo de aire, porque la solícita madre tiene muy buen cuidado de tapar hasta el rinconcito más pequeño por donde pudiera penetrar ese elemento de vida. ¿Quien se asombrará luego de que, con un proceder tan contrario a los más elementales principios de higiene, los catarros, las anginas de todas clases y otras mil enfermedades arrebaten a tan considerable número de niños, a quienes se ha hecho impotentes para resistir el más leve soplo de viento? ¿A quien causará maravilla que haya legiones de familias anémicas y entecas; que ocurran casos tan frecuentes de histerismo, especialmente en los jóvenes, sujetos hoy a innumerables dolencias antes desconocidas? ¿Y quien seria capaz de enumerar los males del espíritu, compañeros inseparables de un cuerpo que empieza a decaer y a descomponerse antes de llegar a su completo desarrollo, frutos podridos de un árbol mal cultivado desde su origen? Mens sana in corpore sano; sólo en un cuerpo sano vive un alma sana. El desarrollo normal de las fuerzas del cuerpo humano exige, como condición preliminar, que se fortalezca la naturaleza por medio de ejercicios como los anteriormente descritos. ¡Ojalá que las madres comprendiesen, de una vez, su misión y su responsabilidad y se atuviesen en esto a los consejos de personas inteligentes!

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