Baños

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Baños templados

Baños completos templados para sanos.

Si alguna vez ordeno baños templados a personas que gozan de salud, pero de naturaleza débil, es porque se resisten a tomarlos fríos y con el lavado que sigue al baño caliente se habitúan insensiblemente al agua fresca.

En este particular me atengo a los siguientes principios:

A personas robustas y sanas, cuyo aspecto indica que tienen sobra de calor en el cuerpo, no les ordeno baños templados sino en casos muy excepcionales. Por lo demás tampoco los piden; antes bien suspiran por el agua fría, como los peces.

En cambio se los recomiendo a los jóvenes, a los débiles y pobres de sangre, lo mismo que a las personas nerviosas, en particular a aquellas que son propensas a ataques espasmódicos, reumas y dolencias análogas; entre estas ocupan lugar preferente las madres de familia que, por las innumerables molestias de la vida, se hallan expuestas más que nadie a esta clase de males. Basta un baño mensual a 35º C. de 25 a 30 minutos de duración, con el subsiguiente lavado en frío.

Los que son propensos a reuma articular, gota o podagra deben tomar dos baños mensuales.

El verano es la época más adecuada para que las personas débiles y jóvenes ensayen los baños fríos.

A estos y a los ancianos recomiendo con insistencia un baño mensual templado, a la temperatura de 35 a 37º C de 25 minutos, con el subsiguiente lavado, que como siempre, sirve de reconstituyente. Este baño no sólo contribuye a mantener la limpieza, sí que tambien a fortalecer el organismo y refrescar el cuerpo. El que observe con perseverancia esa costumbre verá que sus fuerzas se acrecientan a medida que la transpiración aumenta y se hace más activa la circulación de la sangre.

Baño templado completo para enfermos.

Al hacer la descripción de las diferentes enfermedades se indican los casos en que deben usarse estos baños, cuyo empleo no ofrece peligro alguno, si se aplican con las debidas precauciones.

Dos fines se persiguen con el uso de los baños:

Acrecentar el calor natural del cuerpo, o disolver y segregar sustancias, que la debilitada naturaleza no podría eliminar por sus solas fuerzas.

Según las sustancias con que se preparan reciben diferente denominación, a saber:

  • Baños de flores de heno;
  • Baños de paja de avena;
  • Baños de botones, hojas o yemas de pino;
  • Baños mixtos.

Respecto de la preparación y de las aplicaciones de los dos primeros rigen, en lo esencial, las mismas prescripciones dadas para los baños de asiento. Para mayor seguridad ampliamos aquí algunos puntos.

a) Bano de flores de heno.

Se llena un saquito de flores de heno que se echa en un caldero de agua hirviendo, donde se deja cocer un cuarto de hora. Viértese el cocimiento en el baño preparado con agua caliente, cuya temperatura se regula añadiendo agua, hasta obtener los grados marcados. Este baño es el más sencillo, y por su carácter inofensivo, el más usado para elevar y normalizar la temperatura del cuerpo; así es que los sanos pueden tomarle también en todo tiempo. No pocos hidrófilos salen de mi clínica saturados con el aroma de este baño, cuyas morenas aguas abren sobre manera los poros y son un poderoso remedio para resolver las inflamaciones.

b) Baño de paja de avena

En un caldero de agua hirviendo se deja cocer por espacio de media hora un buen manojo de paja de avena, y luego se procede como en el caso anterior.

Este baño es más eficaz que el de flores de heno, y se recomienda particularmente en las afecciones de los riñones y de la vejiga, en los males de piedra y en la gota.

c) Baño de hojas o botones de pino.

Prepárase del modo siguiente: se toman botoncitos o agujas de pino, tiernas, bien frescas, ramitas machacadas, cuanto más resinosas mejor, o también piñas machacadas.

Baños calientes

2. Baños calientes completos.

Se aplican también indistintamente a sanos y enfermos. Pueden tomarse de las dos maneras siguientes: Se llena el baño de agua caliente (a) de modo que cubra todo el cuerpo, sin quedar parte alguna fuera del líquido. Después de permanecer en él de 25 a 30 minutos se pasa rápidamente a un segundo baño (b) que contiene

Baños Calientes Completos

agua fría, cuidando de no meter en ella la cabeza, y a falta de baño se lava todo el cuerpo, con la prontitud posible, de suerte que esta operación no dure más de un minuto. Sin secarse el cuerpo se viste y hace ejercicio durante media hora por lo menos, hasta enjugarse completamente y volver a adquirir el calor normal, bien sea en la habitación o al aire libre. El trabajador puede volver en seguida a sus habituales tareas. La temperatura del agua oscilará entre 32 a 35º para personas robustas, y de 35 a 3S° C. para mayores de edad. Conviene medir con exactitud la temperatura, por medio de un termómetro, que se dejará algún tiempo dentro del agua, a fin de obtener una medida precisa. En general, el encargado de preparar el baño desempeñará su cometido con cuidado sumo. Nunca deben evitarse más los descuidos y desaciertos que cuando se trata de prestar servicios a enfermos.

Veamos el segundo procedimiento que puede seguirse para tomar este baño.

Se llena el receptáculo, como la vez primera, con agua a la temperatura de 37 a 44º C. próximamente, teniendo presente que nunca podrá bajar de 35°, ni pasar de 41, fuera de los casos en que el médico prescriba taxativamente una temperatura más elevada. Yo establezco, como término medio, de 39 a 41° C.

Pero este baño se compone de tres inmersiones en el agua caliente y otras tantas en la fría, alternando, por lo que le he bautizado con el nombre de "baño caliente completo de triple inmersión." La duraciones de 33 minutos exactos, entre los cuales se reparten las diferentes inmersiones del modo siguiente:

  • 10 minutos en el agua caliente;
  • 1 minuto en la fría;
  • 10 minutos en la caliente;
  • 1 minuto en la fría;
  • 10 minutos en la caliente;
  • 1 minuto en la fría.

Un reloj puesto sobre una silla, junto al baño, servirá para medir con precisión el tiempo.

Es indispensable que la operación termine con la inmersión en agua fría. Las personas robustas y habituadas a estas prácticas se sientan en el baño de agua fría y luego se sumergen lentamente hasta llegar a la cabeza; pero los que son muy sensibles, después de sentarse se lavan rápidamente el pecho y la espalda* (* Es decir, se echan agua sobre los hombros, a fin de que caiga por la espalda y la remoje.) sin sumergirse. El baño de agua fría puede suplirse por un lavado de todo el cuerpo. La cabeza nunca debe humedecerse; y si esto ocurre se enjugará (secará) inmediatamente. Al verificar la última salida del agua fría se enjugarán unicamente las manos, a fin de que no humedezcan la ropa al vestirse.

En todo lo demás, especialmente en lo que respecta al ejercicio subsiguiente al baño, síganse las prescripciónes dadas para el de agua fría.

Creo oportuno hacer aún varias observaciones.

Nunca deben prescribirse baños calientes solos, es decir, sin ir seguidos de baño o lavado con agua fría porque los primeros, si son de alguna duración, lejos de fortalecer, agotan el vigor y debilitan el organismo; en lugar de endurecer la piel la hacen mucho más sensible al frío; por consiguiente aumentan el peligro en vez de alejarle. Sabido es que el agua caliente abre los poros y se correría grave peligro si por ellos llegase a penetrar el aire. Todos estos inconvenientes se evitan con los baños o lavados de agua fría subsiguientes, por lo que nunca prescribo los primeros sin los segundos. Por otra parte el agua fresca conforta, mitigando a la vez el calor que se tiene en exceso; es un gran refrescante y al mismo tiempo protege, por cuanto al cerrar los poros hace más tupida la piel.

Aquí volvemos a tropezar con la preocupación que existe contra el paso rápido del calor al frío. Y sin embargo, precisamente en atención al baño frío subsiguiente debe elevarse la temperatura del caliente algo más que lo normal y ordinario. Por ese medio se satura el cuerpo de calor, en tales términos que puede muy bien soportar la impresión del agua fría. No obstante el que sienta horror invencible al baño frío súplale la primera vez con un lavado completo y pronto perderá el miedo. Todo depende de la primera prueba; el que la haga no tomará un baño templado sin el subsiguiente frío. Muchos que en un principio sentían esa aversión, acostumbráronse luego de tal modo a ese brusco cambio y le cobraron tal cariño, que me fue preciso poner freno y tasa a sus ímpetus, para que el exceso del bien no les perjudicase.

Nadie se asuste del hormigueo que se siente en la piel, especialmente de los pies, al pasar del baño frío al templado; muy luego se convierte en una especie de frotación agradable. cuando se toman en combinación estos dos baños, en la forma expresada, no son necesarios preparativos preliminares de ninguna especie, como, por ejemplo, para restablecer la temperatura normal en el cuerpo.

En toda clase de baños templados, si se prescribe a sanos, agrego algún cocimiento de hierbas medicinales; muy pocas veces empleo el agua sola.

Baño frío para enfermos

b. El baño frío para enfermos

Al describir en la 3ª. parte las distintas enfermedades se determinará cómo y cuándo está indicado su empleo. Por ahora debo limitarme a algunas observaciones de carácter más general.

Las naturalezas sanas y robustas poseen, en sí mismas, la fuerza suficiente para segregar y eliminar los gérmenes morbosos. Por el contrario, las enfermas o debilitadas por la enfermedad necesitan el concurso de otros agentes para lograr ese resultado; uno de los más poderosos es el baño frío, excelente ayuda para los enfermos y reconstituyente para los sanos.


La principal aplicación del expresado baño está en las "afecciones febriles", o sea en todas las enfermedades que van acompañadas o precedidas de fuerte calentura. Esta empieza a ser temible cuando alcanza de 39 a 40º, porque debilita por modo extraordinario y abrasa la cubierta natural del cuerpo humano. Muchos que se salvan de la enfermedad, sucumben por falta de fuerzas. Mirar con indiferencia este pernicioso incendio o esperar con apatía sus resultados es poco cuerdo y altamente peligroso. En tales casos ¿qué efectos pueden producir ni la quinina, con ser tan cara, ni la antipirina, que está al alcance de todo el mundo, ni la digital venenosa, que, además, son enemigos declarados del estómago? Cuando la fiebre ha alcanzado esa intensidad, los medicamentos no son más que paliativos, débiles remedios para tal dolencia. ¿Y qué diremos de esas sustancias tóxicas que infectadas en el cuerpo del paciente, le producen una embriaguez artificial que le priva de la sensación y de todo conocimiento? Aparte la cuestión moral y religiosa, causa dolor y lástima ver al enfermo así tratado yaciendo en el lecho con el rostro desencajado y los ojos inquietos. ¿Y todo para qué?. Lo indispensable en tales casos es apagar el fuego febril: los incendios se extinguen con el agua; el fuego general del cuerpo humano se extingue de raíz con el baño completo. A cada nueva llamarada, tan pronto como se deja sentir la intensidad del escalofrío y de la calentura se repite la operación y, aplicada con oportunidad, el agua se hace pronto dueña del incendio. Tal acontece en las irritaciones, escarlata y tifus.

Hace algún tiempo que en los grandes hospitales se usan los baños en lugar de la quinina, para evitar los grandes gastos que esta sustancia ocasiona; posteriormente he tenido la satisfacción de ver en los periódicos que en los hospitales militares de Austria se combaten con el agua varias enfermedades, entre las que se cuenta el tifus. Lo que no puedo comprender es que se aplique el tratamiento hidroterápico al tifus y no se haga lo propio, segun aconseja la inexorable lógica, con todas las enfermedades que tienen análoga procedencia. Por eso muchos, aún de los que rinden culto a otras teorías médicas, esperan con impaciencia esta prueba de consecuencia y buen sentido.

Debo hacer aquí una observación, que es aplicable más bien a toda clase de lavados. No todos los enfermos se hallan en disposición de tomar baños de cuerpo entero; algunos ni aún pueden moverse de la cama por falta de fuerzas. ¿No habrá medio de aplicar a estos enfermos los tratamientos hidroterápicos? Es evidente que si nuestras prácticas son tan variadas y ofrecen tantos grados y subdivisiones, que el sano y el enfermo de mayor gravedad encuentran en ellas lo que más le conviene a cada uno. Lo que importa es tener acierto en la elección.

Si se trata de enfermos de gravedad que no pueden tomar el baño frío completo, se suple este con lavados totales, que pueden aplicarse en la cama, según se hace notar al hablar de este tratamiento. Dichos lavados se repiten, lo mismo que los baños completos, siempre que la fiebre acusa una temperatura elevada.

Pero con estos enfermos no puede emplearse en ningun caso un tratamiento severo, con el que, de ordinario, no se haría más que agravar el mal.

Recuerdo, a este propósito, un enfermo que estuvo once años sometido a tratamiento médico y obligado a guardar cama. Ensayáronse también varias prácticas hidroterápicas, pero todo fue en vano. Mediante la aplicación de mi sistema se curó en seis semanas, no sin que el médico declarase que le parecía un portento. Entonces se presentó a mi para informarse del procedimiento seguido, ya que, en su sentir, no había en aquel cuerpo un átomo de actividad, por lo que las prácticas hidroterápicas por él prescritas no dieron resultado. Díle a conocer un sencillo procedimiento y las no menos sencillas prácticas puestas en uso. Esto le hizo comprender que la potente manga de riego no sirve para apagar la llama de una tea; su tratamiento era harto rudo; el mío suave, moderado y estaba en harmonía con las fuerzas y la resistencia del mísero cuerpo del enfermo.

Siento una compasión indecible cuando oigo hablar de pacientas que no han podido abandonar el lecho del dolor por espacio de diez, veinte y más años. En realidad tales criaturas son bien dignas de lástima; y fuera de algunos casos excepcionales no se explican satisfactoriamente tales fenómenos; también en la Sagrada Escritura se hace mención de un enfermo que soportó su dolencia por espacio de 38 años. Tengo la firme convicción de que muchos de estos infelices, confinados en el lecho del dolor, volverían a andar por su pié si, con inteligente perseverancia, se les sometiese a mi sencillo tratamiento hidroterápico.

Baño frío para sanos.

a. Baño completo y frío para sanos.

Por diferentes conductos se me han dirigido observaciones, haciéndome notar que el uso del agua fría ocasiona disminución de calor y que aquella es altamente perjudicial a las personas anémicas y ocasionada siempre a producir irritación en los nervios.

Convengo en ello si se trata de las rudas prácticas a que anteriormente aludo; pero los baños que yo prescribo, son aplicables principalmente a los sanos en todo tiempo, lo mismo en invierno que en verano, y puedo sostener que contribuyen poderosamente a fortalecer y conservar la salud; acrecientan la actividad cutánea, refrescan, reaniman y fortalecen todo el organismo. Respecto del número, en invierno deben tomarse dos baños por semana a lo sumo; generalmente basta uno cada ocho dias y en muchos casos cada quincena.

Réstame hacer una observación importante.

Uno de los medios más seguros para conservar la salud consiste en acostumbrar la naturaleza a soportar el calor y el frío, a resistir los más bruscos cambios de temperatura. Desgraciado de aquel que siente la influencia del más ligero vientecillo, cuya garganta y pulmones se resienten al menor cambio de tiempo y que no tiene ocupación más importante que observar la dirección de la veleta. El árbol criado a la intemperie resiste lo mismo el calor que el frío, la calma que la tormenta; el hábito le ha endurecido. El que se acostumbre a tomar nuestro baño será robusto como el árbol criado al aire libre.

La idea de la pérdida de calor es como la pesadilla que infunde a muchos pavor y miedo ante los tratamientos con agua fría. El frío, se dice, debilita por necesidad si no le sigue inmediatamente la reacción contraria. En esto estamos de acuerdo; pero es el caso que los baños de agua fría, tal como yo los prescribo, lejos de robar calor, le conservan y fomentan, aparte el activo ejercicio que taxativamente se ordena hacer a continuación de todo tratamiento con agua fría. Nadie me negará que si un hombre enfermizo y debilitado por la falta de ejercicio, hasta el punto de no osar en invierno salir a la calle sino en caso de necesidad extrema, por medio de los baños o de cualquier tratamiento con agua fría se fortalece de tal forma que desafia al calor y al frío, y se vuelve insensible a los más rudos temporales, ha debido también acrecentar su calor natural. Es ridículo suponer que todo esto sea ilusión y farsa.

Corroboraremos esto con un ejemplo entre mil que podríamos citar.

Un caballero que pasaba de los 60 años tenía verdadero horror al agua. Al salir de casa ponía especialísimo cuidado en no olvidar alguna de las muchas piezas con que se abrigaba: porque semejante descuido podía acarrearlo catarros y toda clase de males. Sobre todo le infundía espanto la idea de que pudiera enfriarse el cuello, y no había ya cómo resguardarle del aire y que cuidados prodigarle. Pero el «bárbaro» doctor le tendió un lazo y con una fruición maligna le ordenó que tomase los baños fríos, tal como queda indicado. El infeliz obedeció como un autómata. Y en buena hora lo hizo, porque su obediencia obtuvo un premio para él inesperado. Al cabo de algunos días pudo despojarse de la primera envoltura; toda la interminable serie de camisas y camisetas de lana y de flanela fueron desapareciendo y el mismo camino siguieron los pañuelos y corbatines que atormentaban el cuello. Con el tiempo llegó a considerar perdido el día en que no tomaba su baño de agua fría: tan grande era el bienestar que sentía, bajo su influencia, y tan insensible se había hecho a los rigores del tiempo. Lo más extraño es que aún en el mes del Octubre solía bañarse en el río, a la hora del paseo, porque el agua fría de la corriente le parecía más agradable que la del baño que tenía en casa.

He aquí los principales puntos que han de tenerse en cuenta para tomar estos baños.

¿En qué estado o disposición ha de estar el cuerpo, de una persona sana, para poder tomar con fruto dichos baños?

¿Cuál debe ser su duración, para la misma clase de personas?

¿Cuál es la época del año más apropósito para comenzar este tratamiento reconstituyente?

El uso de baños fríos exige, como condición precisa, que todo el cuerpo tenga una temperatura normal, caliente.

Se halla en tal estado el que por el trabajo, o por el ejercicio o por haber permanecido en una habitación caldeada tiene todo su cuerpo igualmente saturado de calor.

El que sienta frío, principalmente en los piés, o tenga escalofríos, debe abstenerse de tomar esta clase de baños en tal estado; hasta tanto que por el ejercicio etc., haya recobrado el calor normal.

Por el contrario: el que, en buena salud, esté sudando, o acalorado, aunque se halle empapado en sudor, puede tomar tranquilamente nuestro baño.(*) (*) El que se haya mojado por efecto de la lluvia debe abstenerle del baño, porque seguramente le sentaría mal. También precisa que los vestidos que se pongan después del baño estén completamente secos.

Personas juiciosas y de gran experiencia consideran altamente perjudicial tomar un baño frío estando el bañista acalorado o sudando. Y sin embargo no hay cosa más inocente. Aun más; no titubeo en sentar el principio siguiente, comprobado por una larga experiencia: cuanto más copioso sea el sudor, tanto más eficaz será el baño.

Innumerables personas que creyeron sucumbir de un ataque apoplético a consecuencia de tan «bestial tratamiento», perdieron todo miedo y todo recelo después de una sola prueba.(**) (**) Véase en la tercera parte el artículo que trata del «Sudor».

¿Hay alguien que, al regresar a casa sudando, aunque el liquido salado le caiga por el rostro gota a gota y los dedos se peguen unos a otros, como con engrudo, tenga temor ni reparo de lavarse las manos y la cara, y aún el pecho y los piés? Absolutamente nadie; porque todo el mundo siente que eso le conforta y alivia. Siendo asi, ¿por qué no ha de producir el baño el mismo efecto en todo el cuerpo? Cómo se comprende que una cosa que sienta bien a las partes y las produce beneficio, haya de ser tan dañina y perjudicial al todo?

Efectivamente; se observa que muchos, que estando en sudor, han pasado de repente, a una atmósfera fría o se han expuesto a una corriente de aire fresco, con frecuencia se han acarreado enfermedades graves, no pocas veces mortales, de donde viene, sin duda, la idea errónea de que los baños perjudican si se toman sudando.

Yo voy mas adelante y concedo que muchos, al meterse sudando en agua fría, se han buscado los gérmenes de graves dolencias. ¿Pero quien es el verdadero causante de esto? ¿el sudor o el baño frío? Ninguno de los dos. Como en todas las cosas de la vida, no está aquí la dificultad principal en el qué, sino en el cómo; por consecuencia en la manera de hacer uso del agua fría estando en sudor. El loco furioso puede causar incalculables desgracias con un simple cortaplumas; así la imprudencia o la falta de buen sentido puede hacer dañino el remedio más beneficioso. Lo censurable es, en tales casos, que se condene lo bueno y no los abusos que con ello se cometen.

Como quiera que sea, todo depende de la buena o mala aplicación del tratamiento; pero el que no obedezca mas que a su capricho, que se atenga a las consecuencias, de las que él solo es culpable.

Voy a contestar a la segunda pregunta, relativa a la duración del baño frío para sanos.

Un caballero a quien había prescrito dos de estos baños semanales, se me presentó al cabo de quince días lamentándose de que había empeorado mucho su estado, y que parecía un carámbano. Su aspecto era efectivamente lastimoso, y no se me idealizaba de donde podía provenir aquello. Al preguntarle si se había atenido, en un todo, a mis instrucciones, me contestó: «Sin apartarme de ellas un ápice; aún he hecho más de lo que V. me ha ordenado; en lugar de uno he permanecido en el agua cinco minutos; pero después no he podido entrar en reacción.» Desde aquel día enmendó su grave yerro, y no tardó mucho en recobrar el calor natural perdido.

Este hecho, perfectamente histórico, da por sí solo razón de todos los casos en que el agua produce resultados desfavorables. Bien claramente se ve que no es ella, ni el tratamiento en sí mismo, sino las imprudencias y genialidades de los hombres las que dan esos resultados. Pero es más fácil y más cómodo echar la culpa de todo al agua.

Para tomar el baño frío precisa desnudarse rápidamente y permanecer sólo un minuto en el agua. Si el bañista está sudando se sentará en el baño de modo que aquella le cubra hasta el estómago y al mismo tiempo se lava fuertemente la parte superior. Luego se da un chapuzón hasta el cuello, sale del baño y se viste con igual prontitud, sin enjugarse el cuerpo. El trabajador puede volver acto continuo a sus ocupaciones; cuando no, debe hacerse ejercicio hasta tanto que se haya secado el cuerpo y recobrado el calor normal. Es indiferente que aquel se haga en la habitación o al aire libre; yo prefiero esto ultimo, aún en invierno.

En todo lo que hagas, lector querido, obra racionalmente y nunca traspases la justa medida. Por regla general, nunca deben tomarse más de tres baños completos a la semana.

¿Cuál es la mejor época para tomarlos?

Nunca es demasiado pronto para dar comienzo a la importantísima operación de fortalecer el cuerpo, que es tanto como preservarle de enfermedades o ponerle en estado de defensa. ¡Empieza, pues, hoy mismo, pero no con los tratamientos más duros que podrían hacerte perder el ánimo! Unas cuantas prácticas preparatorias te pondrían en condiciones de poder tomar los baños fríos, si tu constitución es robusta; de lo contrario la preparación debe ser más larga.
Importa mucho no perder esto de vista; sería locura pretender atacar un mal con los más duros tratamientos hidroterápicos, sin haber allanado antes el camino con algunas de las prácticas más sencillas.

Un médico recetó a un enfermo, que padecía de fiebre nerviosa, un paseo de un cuarto de hora por agua fresca. Asi lo hizo el paciente, pero sintió después tal frío que no quiso oir hablar más de semejante baño, contra el que echaba pestes y maldiciones. El doctor creyó cumplida su misión declarando, que del mal éxito de la prueba se deducía que el agua no sentaba bien al enfermo y no era conveniente repetir el tratamiento; y que, por lo demás, la dolencia no tenía remedio. Habiéndome notificado aquella sentencia de muerte, le aconsejé que hiciese una segunda prueba con el agua, pero que sólo permaneciese en ella diez segundos, puramente entrar y salir. El resultado fue muy distinto; en pocos días se curó el enfermo.

Ante hechos de esta naturaleza llegué a imaginarme que se recetaba el uso del agua en esa forma violenta y dura, con el deliberado propósito de hacer que el pueblo cobrase aversión y miedo al nuevo sacamantecas. Tal vez sea esta una de mis muchas rarezas, que el lector benévolo sabrá dispensarme.

Como quiera que sea, todo el que se proponga hacer un ensayo serio de mi procedimiento debe empezar por las sencillas prácticas reconstituyentes, a las que seguirán los lavados completos, que pueden tener lugar por la mañana al levantarse, o mejor antes de acostarse, si el paciente no se desvela con el lavado. Por la noche no se pierde tiempo; por la mañana todo es cuestión de un minuto. Mas en este caso precisa hacer acto continuo un activo ejercicio, o acostarse un cuarto de hora más, hasta secarse y entrar en reacción.

Esta práctica, bien sea diaria, de dos o de cuatro veces semanales, es una preparación excelente para acostumbrarse al baño frío completo. Hágase un ensayo, y se verá que al malestar del primer momento sigue inmediatamente una sensación agradable, y lo que antes causaba temor o recelo será un ejercicio necesario.

Un caballero conocido mío tomó, durante 18 años, todas las noches, un baño completo; aunque nadie se lo había prescrito, jamás quiso abandonar la costumbre; y con razón, porque en todo ese tiempo nunca estuvo enfermo.

Hay otros a quienes probaba tan bien, que no se contentaban con menos que con tres mojaduras nocturnas, siendo preciso que yo interviniese para evitarlo. Pero de todos modos estos hechos prueban que el tratamiento no es tan horripilante ni tan molesto como algunos creen.

El que de veras se proponga fortalecer su organismo y conservar la salud no encontrará remedio más eficaz (*) (*) Más detalles acerca de sus efectos se dan en la 3*. parte, en el capítulo que trata del «sudor».; por consiguiente manos a la obra y nada de vanos propósitos.

Los pueblos vigorosos, las familias y generaciones robustas han tenido en gran estima los baños de agua fría; ahora que la humanidad ha descendido al más bajo nivel en el desarrollo de sus fuerzas físicas ha llegado el momento de volver a las costumbres de nuestros mayores y de abandonar los principios irracionales y antihigiénicos que informan nuestros sistemas pedagógicos, respecto de este particular.

Aún existen familias, y de las más distinguidas por su posición social, que conservan como una tradición el uso del baño, considerándole como uno de los principales factores pata el desarrollo de las fuerzas y, por consiguiente, elemento principal de la educación. No hay, pues, motivos para que nos avergoncemos de nuestra causa.

Baños completos

Los hay también de dos clases: fríos y calientes. Ambos son aplicables lo mismo a los sanos que a los enfermos.

1. Baños completos en frío.

Pueden tomarse de dos maneras distintas: o metiendo todo el cuerpo dentro del agua fría, estando de pié o tumbado en el baño; o bien andando con el agua hasta los sobacos solamente, de modo que la punta de los pulmones quede fuera, a fin de que estos no sufran la presión del agua, por más que en ello no hay peligro alguno, en cuyo caso se lava rápidamente la parte superior del cuerpo con las manos o con un paño burdo.

Estos baños no deben durar, en ningun caso, más de 3 minutos, ni menos de treinta segundos. En el transcurso de este trabajo expondré nuevas razones en apoyo de esta opinión; por ahora me basta observar que hace 20 años seguía una opinión diametralmente opuesta, señalándoles mayor duración, en la firme creencia de que no se podía adoptar otro sistema.

Pero una larga experiencia me ha hecho cambiar de parecer y con justo motivo, a lo que creo. Ese gran maestro de la vida me ha enseñado que, tocante a los baños fríos, debe seguirse como norma invariable e1 principio siguiente:

Cuanto más corto es el baño tanto mayor es su eficacia. Por consecuencia el que sólo permanece un minuto en el agua es más cuerdo que el que se detiene cinco. Lo mismo el sano que el enfermo no debe pasar de tres minutos.

He comprobado esta opinión con innumerables hechos, por lo que también repruebo los rudos procedimientos que se siguen en algunos establecimientos hidroterápicos, lo mismo que el abuso que se hace de los baños en verano.

En esta época hay muchos que toman uno o dos baños diarios, de media hora cada uno, por lo menos. Cuando se trata de buenos nadadores que hacen un fuerte ejercicio y después del baño toman nutritivo alimento ofrece esto menos inconvenientes; su vigorosa naturaleza vuelve a ganar pronto lo que el baño la ha quitado; pero a los bisoños en el arte de la natación, que permanecen esa media hora acurrucados en el agua, como el galápago debajo de la concha, la mojadura no sirve para nada, si es que no les perjudica, como puede ocurrir si el abuso se prolonga. Baños de esa naturaleza debilitan las fuerzas y producen fatiga. En vez de fortalecer el organismo le agobian; en lugar de robustecer y alimentar consumen.

Baños de asiento

Estos baños pueden ser fríos y calientes.

1. Baño de asiento frío.

Se toma de la manera siguiente.
Se llena de agua fría, hasta la cuarta o quinta parte de su altura, el baño destinado al efecto o un barreño de madera, hojalata o zinc, de poco fondo. El bañista se sienta desnudo en el lebrillo de tal forma que el agua le cubra desde la parte superior del muslo hasta los riñones, quedando fuera el resto del cuerpo. Por eso muchos no se desnudan completamente. Este baño dura de 1/2 minuto a 3.

Los baños de asiento son remedios eficacísimos para todos los males del bajo vientre, y obran como laxantes, expelen los gases, favorecen la digestión y regularizan la circulación; son asimismo confortantes, por lo que se recomiendan para combatir la cloroanemia o palidez, los flujos y hemorragias y dolencias análogas, como todas las enfermedades del bajo vientre de cualquier clase que sean. Todo el mundo puede tomar este sencillo baño, que dura solamente de 1 a 2 minutos y, si no se comete alguna imprudencia, jamás puede hacer daño.

Para evitar enfriamientos, fortalecerse y hacerse insensible a los traidores cambios de temperatura tómense con alguna frecuencia baños de asiento, bien sea al acostarse o mejor algún tiempo después de acostado, porque se ahorra el trabajo especial de desnudarse y es más fácil la reacción, para lo que conviene no secarse el cuerpo. Sin embargo no deben tomarse estos baños más de 2 o 3 veces por semana, ya que su excesivo uso haría afluir la sangre a esa parte y podría producir hemorragias.

Todo el que sufra de insomnios y no pueda conciliar el tranquilo sueño; el que se despierte a menudo durante la noche, tome un baño de asiento frío; 1 a 2 minutos de sesión bastan para calmar la excitación y proporcionar tranquilo descanso.

Un individuo había perdido el sueño de tal modo que casi nunca podía dormir más de 2 horas, revolcándose en la cama el resto del tiempo, en medio de una gran excitación nerviosa. Estos baños le devolvieron, con la tranquilidad, el apacible sueño.

El que por la mañana se levante con la cabeza pesada y más cansado que estaba al acostarse hará desaparecer tales molestias con los baños de asiento.

Por último, no me cansaré de recomendar su empleo a las personas que, gozando de buena salud, quieran precaver muchas dolencias.

2. Baños de asiento calientes.

Nunca deben prepararse con agua sola. De ordinario echo en el agua caliente una de las sustancias siguientes, que dan nombre al baño:

  • a) Cola de caballo.
  • b) Paja de avena.
  • c) Flores de heno.

La preparación es igual para las tres clases de baño. Se echa la sustancia vegetal en una vasija, se vierte sobre ella agua hirviendo y se deja al fuego la mezcla, para que cueza algún tiempo. Luego se retira la vasija, se deja enfriar el cocimiento hasta la temperatura de 30 a 32 grados, rara vez hasta 37° C, y se echa todo en el lebrillo o barreño. La duración de este baño es de un cuarto de hora, y el mismo cocimiento puede servir para dos o tres sesiones. La segunda sesión tendrá lugar en frío, 3 o 4 horas después de la primera, y la tercera una hora después de la segunda, siendo su duración de 1 a 2 minutos solamente.

Estos baños deben tomarse, a lo sumo, tres veces por semana; por regla general, alternando con baños fríos o bien para el tratamiento de males muy arraigados, como hemorroides inveteradas, fístulas del recto, desarreglos del intestino ciego y análogos.

Las hernias o quebraduras no son obstáculo para tomar estos baños. Veamos ahora los usos especiales de cada clase.

  • a) El de cola de caballo sirve principalmente para combatir los ataques espasmódicos y reumáticos de los riñones y de la vejiga, los males de piedra y cálculos y todos los que afectan a la orina.
  • b) El baño de avena está indicado para los padecimientos do la gota.
  • c) El de flores de heno tiene aplicaciones más generales, puesto que, a falta de las dos sustancias anteriores, las suple en todos los tratamientos que afectan al bajo vientre, si bien con menos eficacia. Pero, en cambio, es un poderoso agente para resolver las inflamaciones en el bajo vientre, y toda clase de tumores o hinchazones exteriores; para combatir el estreñimiento, las hemorroides, los padecimientos espasmódicos y cólicos de aire.

Baños de medio cuerpo

Doy este nombre a aquellos baños en que a lo sumo llega el agua hasta la mitad del cuerpo, próximamente hasta la región estomacal, quedando ordinariamente por debajo de este nivel; representan, por consiguiente, un término medio entre los baños completos y los de pies. límites máximo y mínimo que a veces no pueden aplicarse con ventaja.
Pueden usarse de tres maneras distintas.

  • 1º. Permaneciendo de pié en el agua, de modo que ésta cubra la pantorrilla o las rodillas.
  • 2º. Puesto el bañista de rodillas en el agua de modo que ésta le cubra completamente los muslos.
  • 3º. Sentado dentro del agua de tal suerte que ésta le cubra hasta el ombligo o la mitad del bajo vientre. Este es en propiedad el verdadero baño de medio cuerpo.

Las tres clases deben tomarse con agua fría y contarse en el número de los reconstituyentes o fortificantes. Por consecuencia se recomienda su uso a los sanos que quieran fortalecerse más, a los débiles que tengan necesidad de recobrar fuerzas y a los convalecientes que quieran recuperar del todo la salud.

Los enfermos no tomarán, en ningún caso, baños sin previa prescripción facultativa, puesto que hay circunstancias en que podrían dar resultados contraproducentes.

Lo mismo para enfermos que para sanos, estas tres clases de baños incompletos forman siempre parte de algún otro tratamiento, y su duración no pasará de 3 minutos, ni bajará de medio.

De ordinaria prescribo las dos primeras clases, de pies y de rodillas, a aquellas personas que por causas diversas han perdido casi por completo las fuerzas, para inaugurar el plan curativo, siempre con buen resultado. No me detendré a enumerar estas causas, pero debo consignar que, en efecto, hay muchos pacientes que, en su extrema debilidad, no pueden soportar la presión del agua sobre todo el cuerpo, de lo que podría citar centenares de ejemplos, en personas de todas las clases sociales. Estos enfermos, que han llegado al último grado de fuerza, son precisamente los que me han inspirado el uso de estos medios baños; ya que su mísero estado exige un tratamiento hidroterápico más moderado y prudente, que a las veces debe prolongarse por varias semanas, hasta que han recobrado parte de las perdidas fuerzas.

A las dos clases de baños mencionadas va unida, por lo general, otra práctica confortante: la inmersión de los brazos, hasta los hombros, en agua fría. Este doble tratamiento se emplea, además con éxito, para combatir la frialdad de los pies.

El baño numero 3º, o medio baño propiamente dicho, merece particular atención, y se recomienda desde luego a las personas que gozan de buena salud. El uso de este baño contiene, en su origen, las enfermedades del bajo vientre y la debilidad de las extremidades inferiores, que no reconocen otra causa que el enervamiento de las fuerzas producido por una educación afeminada. Los expresados baños vigorizan el organismo, conservan y acrecientan las fuerzas en toda la región inferior del cuerpo, por muy debilitadas que se encuentren. Por tanto suplen, con gran ventaja, las fajas con que millares de personas oprimen el bajo vientre, en dos y más dobleces; que parecen destinadas a impedir que la dolencia pueda separarse del mísero cuerpo. Pruébese con resolución, a la vez que con prudencia nuestro baño de medio cuerpo, y se verá cómo disminuyen de un modo palpable las hemorroides, cólicos de aire, hipocondría, histerismo y toda esa legión de enfermedades que tienen su especial asiento en el bajo vientre, donde hacen estragos sin cuento.

A individuos sanos les recomiendo que, al levantarse por la mañana, se laven el medio cuerpo superior y por la tarde tomen este medio baño. Si no tienen tiempo para lavarse por la mañana, háganlo al tomar el baño.

Para terminar este capítulo citaré algunos ejemplos relativos al uso de los expresados baños, para enfermos.

Un joven perdió de tal manera las fuerzas a consecuencia del tifus, que no podía emprender el más ligero trabajo. Por espacio de mucho tiempo permanecía arrodillado en el agua, cada dos o tres días, en un principio un minuto, y de 2 a 3 más tarde. De una semana para otra fue recuperando fuerzas hasta que volvió a su primer estado.

Otro enfermo padecía de fuertes congestiones, y de esto ocurren frecuentes casos, que tienen su origen en el bajo vientre. Un día se lavó bien la mitad superior del cuerpo y otro tomó el baño de rodillas. Al cabo de algún tiempo se vio libre del molesto huésped.

No es inferior su eficacia para combatir los males del estómago que provienen de flato o de gases allí detenidos; este baño es el específico más seguro para expulsar esos gases, de ordinario molestos residuos de graves enfermedades.

Baños de pies

Para tomarlos se mete el pié hasta la rodilla o un poco más arriba en agua fría, durante uno a 3 minutos.

1. Baños de pies fríos.

Si se trata de enfermos sirven estos baños principalmente para atraer la sangre y aminorar su afluencia a la cabeza y al pecho. De ordinario se aplican en unión con otros tratamientos, sobre todo en casos en que el paciente, por cualquier causa, no puede soportar otra clase de baños.

Tratándose de sanos, tienen por objeto refrescar, hacer desaparecer el cansancio y fortalecer, por cuya razón se recomiendan especialmente a la gente del campo en la época de verano, cuando a consecuencia del excesivo trabajo pierden el sueño. Mitigan el cansancio, devolviendo la tranquilidad y con ella un sueño apacible.

2. Baños de pies calientes.

Pueden tomarse de varios modos:

1º. En agua caliente, a la temperatura de 31 a 32° C., se echa un puñado de sal y doble cantidad de ceniza vegetal. Después de bien mezclado se toma el baño por espacio de 12 a 15 minutos.

A veces hago tomar este baño a la temperatura de 38 grados C., pero siempre con la prescripción explícita de tomar a continuación otro de agua fría, durante medio minuto.

Los baños de pies se recomiendan, en general, cuando por enfermedad, falta de calor natural u otra dolencia, no procede emplear remedios más violentos, en razón a que el escaso calor desarrollado por el agua fría no sería suficiente para producir la reacción.

Por consecuencia deben aplicarse estos baños a las personas débiles, anémicas, nerviosas, a los niños y ancianos, muy particularmente a las señoras, y su acción se deja sentir muy marcadamente en las alteraciones de la circulación de la sangre, en congestiones, dolores de cabeza y del cuello, ataques espasmódicos y dolencias análogas.

Atraen la sangre hacia los pies y sirven de calmantes. Pero nunca deben recomendarse a los que son propensas a sudores de pies. La gente del campo emplea con mucha frecuencia los baños de pies calientes y conoce sus excelentes resultados.

2º. El baño de pies con «flores de heno» es un buen reconstituyente. En una vasija de agua hirviendo se echan de 3 a 5 puñados de flores de heno, se tapa la vasija y se deja enfriar la mezcla hasta la temperatura de 31 a 32° C.* (*) Por "flores de heno" se entienden todas las partes que componen la yerba: tallo, hojas, flores y semilla, o sea toda la planta conocida por ese nombre.

Es indiferente dejar las flores de heno en el baño o retirarlas y tomar el baño con la infusión solamente. Para mayor sencillez y economía de tiempo se deja todo en el barreño.

Estos baños ejercen una acción disolvente y son, por consecuencia, detergentes al mismo tiempo que confortantes; por lo que curan las dolencias de los pies, el sudor, los golpes de todas clases y contusiones, con o sin sangre; las hinchazones, la gota de los pies, las excrecencias cartilaginosas y supuraciones en los dedos; las callosidades al lado de las uñas, las heridas causadas por el calzado etc. En general, puede decirse que dichos baños son un remedio excelente para todos aquellos que tienen alguna dolencia en los pies, y un arma poderosa para combatir las impurezas de la sangre.

Un caballero sufría horriblemente de la gota de los pies o podagra, que le hacía exhalar terribles gritos de dolor. Un solo baño de esta clase, con su correspondiente envoltura, empapada en la disolución, mitigó los agudos dolores al cabo de una hora.

3°. Con el baño de pies de flores de heno guarda mucha analogía el baño de pies con paja de avena. — Para prepararlo se echa paja de avena en una caldera, se cuece durante media hora y, dejando enfriar la infusión hasta la temperatura de 31 a 32º C, se toma con ella un baño de 20 a 30 minutos.

La experiencia me ha enseñado que estos baños son irreemplazables cuando se trata de resolver las callosidades o durezas de los pies; ya sean excrecencias cartilaginosas, protuberancias, nudos etc. que resultan de la gota y podagra; ya también ojos de gallo, crecimientos viciosos de las uñas y ampollas originadas por el ejercicio o el calzado. Hasta las supuraciones y las heridas producidas por el sudor excesivo so curan con estos baños.

En una ocasión se cortó un caballero los ojos de gallo; prodújosele una gran irritación en los dedos y una hinchazón de tan mal aspecto que hacía sospechar un envenenamiento de la sangre. Tres baños de pies al día, con la infusión de paja de avena y compresas o paños que envolvían los pies hasta el tobillo, empapados en la misma disolución, hicieron desaparecer el mal en el término de cuatro días.

A otro enfermo se le presentó una hinchazón en los dedos de los pies, de color azul oscuro y de tan pernicioso aspecto, que parecía estar amenazado de una completa descomposición de la sangre. Los baños de pies y las envolturas en la forma expresada hicieron desaparecer, en poco tiempo el peligro.

En algunos casos (véase el pasage respectivo en: «Baños calientes completos») prescribo, lo mismo en los baños de pies descritos que en los calientes de todo el cuerpo, el llamado triple cambio. El término del tratamiento lo constituye en uno y otro caso el baño frío; pero se exceptúa siempre el baño de pies caliente a la temperatura de 31 a 32º, con adición de sal y ceniza. Porque, teniendo por objeto este baño atraer la sangre de arriba abajo y repartirla proporcionalmente en las extremidades inferiores, un baño de agua fría después del caliente no haría más que destruir el efecto de este último, rechazando de nuevo la sangre a la región superior, a lo menos en gran parte, de suerte que no se lograría todo el resultado que se busca. Síguese, pues, que nunca debe tomarse baño de pies frío, después del caliente con adición de sal y ceniza.

4º. No debo pasar en silencio otra clase de baños de pies, con una sustancia que tiene más de sólida que de fluida. He aqui cómo se prepara.

En un barreño o librillo se echa la malta de la cebada antes de enfriarse; métense allí los pies y muy luego se deja sentir un gran bienestar. La operación dura de 15 a 30 minutos. Aún más eficaz es el baño con el bagazo de uvas, y muy usado y recomendado entre la gente del campo, sobre todo en comarcas vitícolas, por sus buenos resultados.

Está especialmente indicado para el reuma, la gota, y dolencias análogas.

Debo hacer una observación aplicable a todos los baños de pies. Tratándose de personas varicosas o propensas a la dilatación de las venas, introducirán en el agua los pies hasta la raíz de la pantorrilla solamente, y la temperatura del líquido no excederá de 31º C.

Yo nunca prescribo baños de piés con solo agua caliente, sin mezcla de alguna otra sustancia.

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